
EDITORIAL
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La pronta inauguración oficial del Salar del Hombre Muerto, la llegada de nuevos inversores y proyectos al país, junto a la firma del Tratado de Integración Minera con el país hermano de Chile, -un hecho histórico para la minería en el mundo-, reafirman el nuevo perfil de la minería argentina. Pero no todo está dicho. Aún falta la palabra de los Parlamentos de Chile y Argentina para que se eche a andar el Tratado. De la decisión de los legisladores de ambos países depende el futuro de una de las fronteras metalogénicas más importantes del mundo. La fortaleza de esta incipente minería tiene y tendrá, sin dudas, nuevas pruebas para sortear. En un mundo cada vez más globalizado, deberá afrontar situaciones sumamente adversas, como la caída del precio internacional del oro y el cobre, dos minerales de influencia mayor para la minería nacional que hacen sentir su realidad sobre el futuro de los proyectos; o la discusión por las regalías entre la nación y la provincia de Catamarca, que pertenece también a todo el sector. Grandes inversiones, grandes riesgos. La naturaleza de la minería en cualquier parte del mundo lleva arraigados estos dos criterios. La Argentina debe estar preparada. De aquí en más, cualquier crisis, por más remota que parezca, es una crisis para el país. Asia es el ejemplo más claro. Las grandes transformaciones traen privilegios, pero también mayores responsabilidades. Este mensaje ha sido captado de inmediato por todos los sectores que nuclea la actividad. Cooperación y armonía, creatividad y esfuerzo, los pasos firmes para que la minería Argentina crezca sana y robusta como la imaginamos todos.
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